LA VACUNA: Capítulo 5, UNA CITA NADA ROMÁNTICA

El camino de vuelta al hotel lo hicieron dando un paseo por el centro de la ciudad. Caminaban lentamente, en silencio, separados por apenas medio metro. A veces uno iba delante y el otro detrás, mientras que en otras era al revés. Intercambiaron pocas palabras, sólo miradas que lo decían todo. Se detuvieron en la puerta del hotel, se miraron a los ojos, y él, con un ademán, le cedió el paso.

Ya en el hall, se dirigieron al ascensor. Mary Fishers pulsó los números cuatro y seis. Las puertas se abrieron en la planta cuarta y ella salió. Jeff Colleman la siguió para despedirse y le dijo:

―Creo que esto se ha terminado.

―Eso parece.

―Ha sido un gran placer para mí haberte conocido.

―Lo mismo digo ―respondió Mary, parca en palabras.

―Bueno…

―¿Sí?

―Quedamos el próximo miércoles.

― Sí, a las cinco de la tarde.

―¿Sabrás llegar a mi despacho?

―No tendré ningún problema. Conozco la zona donde se encuentra tu empresa ―dijo ella, esperando un detalle, un comentario, una insinuación por parte de él.

―Entonces…

―Quedamos el próximo miércoles ―dijo ella, con una sonrisa en los labios que reprimió llevándose la mano a la boca, al tiempo que hacía un ademán de despedida.

―De acuerdo.

Jeff Colleman la besó en la mejilla, se dio media vuelta y entró en el ascensor. Las puertas se cerraban mientras Mary Fishers lo observaba. El pasillo se le hizo demasiado largo, lo recorrió lentamente, pensativa y con la cabeza agachada.

Entró a su habitación. Encendió las luces, se miró en el espejo y su aspecto seguía siendo el adecuado, inmaculado. Tal vez había dejado algo por hacer, algo que ya no iba a ocurrir y un sentimiento de culpa embargó su cuerpo, pero no su alma. Allí, mirándose a sí misma, reconoció a una nueva Mary Fishers fría y calculadora, incapaz de dejarse seducir por la pasión, incapaz de dar un beso.

«El beso. Sus labios y mis labios casi llegaron a rozarse. ¡Sólo un beso… y nada más!», pensó.

Ya no recordaba la última vez, pues de eso hacía ya muchos años. La escena seguía grabada en su mente. No la podía olvidar. Miró el teléfono y no lo dudó. Sólo tuvo que marcar unos números y Jeff Colleman estaba al otro lado.

―¡Sí! ―dijo él, sentándose en la cama.

―Hola Jeff, sólo llamo para decirte buenas noches.

―Buenas noches Mary.

La cordura siempre había predominado en Mary. En estos momentos no podía permitir que sus sentimientos pusieran en peligro la misión que debía cumplir.

Copyright: Francisco Belda Maruenda

 

Aquí acaba el quinto capítulo de LA VACUNA: una novela que te estoy publicando en este Blog por capítulos. Mi deseo, si el tiempo y mis obligaciones me lo permiten, es publicar dos capítulos cada semana.

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