LA VACUNA: Capítulo 4, LA BECA

Mary Fishers llevaba colocada una toalla en la cabeza, enrollada alrededor de su pelo, y le caía sobre su espalda. Estaba sentada en un pequeño sillón, vestida con el albornoz blanco del hotel. Su cara relucía como consecuencia de la ampolla vitalizadora de piel que acababa de utilizar tras el baño. Sus labios permanecían aún húmedos y una gota de agua se deslizaba a través de la frente. Las palabras de Christopher Norton reverberaban todavía en la habitación y el eco de aquella malvada voz se difuminó cuando sintió peligrar su carrera como científica de Microgensyn. La inseguridad que le provocaba aquella situación hizo que su pensamiento se refugiase en momentos más felices.

Mary conducía un viejo y destartalado Ford, de cuarta o quinta mano, más apto para el desguace que para ser conducido. Lo había comprado por menos de mil dólares y nunca supo los kilómetros que había realizado puesto que el cuentakilómetros ya estaba roto cuando se lo entregaron. A pesar de su precario aspecto, le tenía un cariño especial, ya que era su primer coche y durante los tres últimos años la trasladó de un lugar a otro. Como consecuencia de las continuas averías, tuvo que realizar un aprendizaje forzoso de mecánica, pues el dinero no le alcanzaba para reparar el coche en un taller, echando de menos en multitud de ocasiones a su padre para consultarle los problemas que se le presentaban. No era extraño verla con las mangas remangadas, manchada de grasa, cambiando un manguito o intentando reparar cualquier otra pieza. Su padre le había inculcado la afición por los coches y el placer de repararlos.

Aminoró la marcha. Giró hacia la derecha y se encontró frente a una barrera de madera pintada de color rojo y azul que impedía el acceso al recinto. Un guardia de seguridad se encontraba en una garita de grandes ventanales de cristal. Bajó el volumen de la radio y la música de «Crosby, Stills, Nash and Young» apenas si se oía. Detuvo el coche y se dirigió a aquel hombre:

―Soy Mary Fishers y tengo una cita con el señor Sullivan.

―Espere un momento, por favor, voy a comprobarlo.

Tecleó el ordenador y buscó el archivo con la lista de visitas del día. Mientras tanto, a ella le llamaron la atención los monitores de televisión que estaban colocados alrededor de la mesa y que servían para controlar las dependencias exteriores de la empresa.

―Sí, aquí está. ¿Puede enseñarme su documentación?

Tras comprobar que se trataba de Mary Fishers le indicó cómo dirigirse hasta la entrada principal y el lugar donde tenía que aparcar.

Mary conducía a velocidad extremadamente lenta, observando la cuidada vegetación, compuesta en su mayor parte por palmeras y diferentes tipos de árboles que no había visto nunca, así como una extensa alfombra verde de césped. Al fondo, tras un pequeño montículo, se divisaba la parte superior de la empresa. Cuando estuvo en lo más alto del mismo, paró su coche y quedó impresionada por la arquitectura exterior del complejo industrial diseñado en forma de flecha. Aparcó en el lugar indicado y se dirigió hacia la entrada del edificio. Delante de él, sobre una gran roca de granito, se sostenía una estructura con la forma de una flecha de color azul,  por encima y debajo de ella una palabra de color rojo que indicaba el nombre de la empresa en la que se encontraba: Laboratorios Microgensyn. Era el logotipo que ya le resultaba familiar.

Copyright: Francisco Belda Maruenda

 

Te puedo asegurar que escribir dos capítulos por semana no es una tarea sencilla, aunque la novela la tenga estructurada y cada capítulo definido de antemano, sabiendo qué historia contar.

Los errores son inevitables y, aunque puedan pasar desapercibidos, para mí han sido de bulto, debidos a la precipitación.

Desde aquí quiero dar las gracias públicamente a mis lectores, que me han hecho ver esos errores y que ya están corregidos los capítulos 1, 2 y 3.

Así que, cualquier error que puedas encontrar en la novela, te animo a que me lo comuniques dejando un comentario en el capítulo, escribiéndome un mensaje en el apartado «Contacto» o, si tienes mi teléfono, a traves de una llamada telefónica, por WhatsApp o como tú quieras.

Saber que tienes lectores es lo más grande para un escritor o para un juntaor de palabras, como yo me considero.

Aquí acaba el cuarto capítulo de LA VACUNA: una novela que te estoy publicando en este Blog por capítulos. Mi deseo, si el tiempo y mis obligaciones me lo permiten, es publicar dos capítulos cada semana.

Aquí te dejo los enlaces a los capítulos anteriores, para que los puedas leer:

Te quiero pedir un favor muy importante para mí:

Estoy muy ilusionado con esta novela, por lo que si te ha gustado este capítulo de LA VACUNA, así como los anteriores, y piensas que le puede gustar a tus amigos o contactos, te quiero pedir que me eches una mano compartiendo este capítulo a tus amigos a través de email, WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter o tus demás redes sociales.

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