La VACUNA: Capítulo 21, INCÓGNITAS RESUELTAS

El martes veintidós de septiembre era el día D.

No estaba seguro de alcanzar su propósito, pero lo tendría que intentar. Quizás había tomado una decisión precipitada y ahora se daba cuenta del lío en el que estaba inmerso, pero no se podía negar. Supo apreciar la desesperación de Mary Fishers antes de pedirle aquel favor y la duda que ella albergaba antes de solicitárselo, pero Brett Johnson le debía demasiados favores y ahora era tiempo de pagar. Todo aquel que recibe algo, siempre debe estar preparado para dar algo a cambio. La conocía demasiado bien y sabía que ella nunca le hubiera fallado. Ahora, él no se amilanaría por un asunto tan trivial.

«¿Un asunto tan trivial? ¡Quién me aconsejaría a mí meterme en este conflicto!»

La conciencia es la dueña de todos los actos del ser humano. La conciencia había sido la fiel consejera de Brett Johnson y quien le dictó que tomase aquella decisión. Ahora ya no podía echarse atrás, no podía llamarla y decirle:

«Mira, Mary, me lo he pensado mejor y este sucio tema no va conmigo. No me voy a prestar a realizar este trabajo, no voy a jugarme mi pellejo. Lo siento mucho, arréglatelas como puedas».

Tuvo la oportunidad y no se lo dijo. Ahora era demasiado tarde, era tiempo de actuar.

Todo el fin de semana estuvo dándole vueltas al asunto. Al final decidió que sólo tendría una oportunidad de alcanzar su objetivo. Sólo dispondría de unos minutos y esperaba que el programa informático que había instalado en el pendrive actuara con toda la celeridad que le fuera posible.

A las diez de la mañana, casi todas las secretarias se reunían en una salita para tomar el tentempié de media mañana. En más de una ocasión vio cómo Kenneth Golberg se reunía también con ellas. Pensó que tendría que aprovechar esa ocasión para poder acceder al despacho y robar los resultados definitivos del Proyecto Mgen1702. Durante todo el día, estaría franqueado por la vigilancia pertinaz de su secretaria. No tendría otra oportunidad.

A medida que se acercaba la hora fatídica su pulso se aceleraba. Durante toda la mañana no se había podido concentrar y no rindió nada en el trabajo que tenía que realizar. Sólo tenía una idea en la mente y no se podía escapar de ella.

Abandonó su despacho con una sola intención. Se dirigió por el pasillo hacia el de Kenneth Golberg y sonrió cuando se percató de que su secretaria no estaba en su lugar de trabajo.

¿Qué pasaría si abría la puerta y él estaba dentro?

Pronto lo adivinaría.

Llamó a la puerta y nadie contestó. La abrió y comprobó que estaba vacío. El ordenador estaba encendido.

«¡Qué suerte!», pensó.

Copyright: Francisco Belda Maruenda

 

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2 comentarios en «La VACUNA: Capítulo 21, INCÓGNITAS RESUELTAS»

  1. Enhorabuena Don Francisco, una novela que me ha parecido muy entretenida y muy bien encajada en un tema actual.
    Gracias por compartirla.
    Espero las próximas que seguro serán igual de buenas.

    Responder

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