La VACUNA: Capítulo 20, CONFESIONES

Mary salió con el tiempo suficiente para llegar a la casa de Brett Johnson con antelación. Él vivía cerca de Venice Beach, una zona que le encantaba y a la que solía acudir a pasear de vez en cuando.

Estaba segura de que él aceptaría su proposición, pero en el último momento no lo tuvo claro. Una duda razonable bajo el punto de vista de lo que aquella acción podría suponer para él, en el caso de que fuera descubierto, ya que su puesto de trabajo en Microgensyn peligraría. Por ello, pensó que no debía de presionarlo y que fuera él quien decidiese, por sí mismo, si aceptaba o no el encargo.

―Hola, Mary, pasa. Tengo preparado el café.

―Gracias, Brett.

Mientras Brett Johnson preparaba el tentempié, Mary Fishers se acomodó en el salón que estaba un tanto desordenado. Brett había colocado un mantel en una mesita de cristal, de forma cuadrada, pequeña, y dispuso dos cojines turcos en torno a ella. Mary se sentó en uno de ellos y mientras lo esperaba, pasó el tiempo contemplando la gran cantidad de objetos que decoraban el salón. Estaban por todas partes, de todos los tamaños y hechos con los más diversos materiales. Se percató de que aquel contraste de orden y desorden, conjugaba en perfecta armonía, siendo fiel reflejo de la personalidad de Brett Johnson.

―¿Lo has leído?

―¿El qué?

―El proyecto.

―¡Ah! Perdona. Estaba distraída. Sí. Ya lo he terminado.

―¿Qué piensas? ¿Será aceptado por la comisión de investigación de Microgensyn? ¿Lograremos el permiso y los fondos para llevarlo a cabo? Sabes que estoy muy ilusionado en él. He invertido muchas horas de trabajo. Es ya casi como un hijo para mí.

―No me cabe la menor duda. Será aceptado. Te lo prometo. Yo también estoy muy interesada.

Mary Fishers formaba parte de la comisión de investigación cuyo director era Christopher Norton. Parir un fármaco nuevo en la lucha contra el SARS-CoV-2 resultaba una tarea demasiado complicada, y el primer paso después del diseño y del protocolo de investigación, consistía en convencer a los componentes de la comisión de que ese experimento merecía la pena llevarlo a cabo, y que tras ser evaluado podría ser eficaz para la empresa y efectivo contra el coronavirus.

―Me gustaría darte las gracias por tu apoyo y por tu ayuda incondicional en todos los momentos en los que estuve perdido y que gracias a ti pude salir del atolladero en el que me encontraba. Diseñar una molécula nueva es una experiencia fascinante.

―No las merezco, Brett. Al fin y al cabo, yo soy la responsable de este proyecto, aunque la cabeza visible seas tú.

―Ya sabes que me gusta ser agradecido.

―En ese caso, tengo que pedirte un inmenso favor.

―Pídeme lo que quieras que sabré corresponderte.

―No sé si debo…

―¿Tan delicado es?

―Más que delicado, es peligroso.

…..

….

 

Copyright: Francisco Belda Maruenda

 

Así acaba el capítulo vigésimo de LA VACUNA: una novela que te estoy publicando en este Blog por capítulos.

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