LA VACUNA: Capítulo 2, EL CONGRESO

LA VACUNA:  Capítulo 2,  EL CONGRESO

El hielo se había roto y el protocolario acto de apertura iba a comenzar. Los políticos mundiales que se habían apuntado al congreso para su inauguración sonreían felices, a sabiendas de que su futuro dependía de las conclusiones del evento, y el más ufano de todos era el presidente del Gobierno español.

Nadie se explicaba como un acontecimiento tan importante se podía celebrar en España y, más aún, en una ciudad como Murcia, pero aunque muchos se intentaron apuntar el tanto a su zurrón, hecho muy común por esos lares, yo me pude enterar bajo mano y de buena tinta que todo el proceso de gestión del congreso y su puesta a punto, había sido llevado a cabo por un grupo de médicos murcianos, muy comprometidos con el problema de la pandemia, y cuyo nombre fue obviado en los medios de comunicación.

Ya sabes que aquí en España unos cuantos trabajan para que cien mil se aprovechen de su trabajo y de sus ideas.

Y no digamos de esos de los que yo sé que estás pensando…

¡Que se te nota en esa sonrisa picarona!

¡Bueno! A lo que íbamos…

Una vez concluida la inauguración oficial del Congreso Mundial de la COVID-19, los políticos se retiraron. Había llegado el momento. La política dejaba paso a la ciencia. Todos los científicos, ya fuesen en calidad de asistentes o de ponentes, estaban sentados en sus butacas. Como siempre, Mary Fishers notó esas mariposas revolotear por todo su cuerpo, ya que su presencia en la tribuna de oradores sería la primera. Su conferencia era la encargada de iniciar los actos científicos en el congreso.

El presidente del Comité Organizador del congreso, tras una breve intervención de bienvenida, pasó a enumerar todos y cada uno de los temas que iban a ser tratados y debatidos durante el mismo. También planteó, en forma de reto, los objetivos que se habían marcado conseguir en esta reunión.

Sin más preámbulos, presentó la primera Conferencia: “Informe epidemiológico anual de las enfermedades infecciosas. Situación actual de la COVID-19 en el mundo”. A continuación, pasó a enumerar de forma minuciosa el curriculum de Mary Fishers, haciendo hincapié en los méritos adquiridos durante su brillante carrera como investigadora.

Cuando Mary Fishers se puso en pie, un estruendo en forma de aplausos inundó todo el salón de actos. Los más sonoros fueron los aplausos virtuales, puesto que debido a las medidas generales para controlar la pandemia, el congreso se celebraba de forma presencial, con muy pocos asistentes, mientras que la mayoría asistía desde su casa, parapetados tras la pantalla de su ordenador, de la Tablet o del teléfono móvil. Gigantes pantallas de televisión, distribuidas estratégicamente por todo el salón de actos y divididas en pequeñas cuadrículas, emitían la imagen de cientos de personas que se levantaban de sus asientos, premiando con ese gesto la distinción de la que era objeto. De igual forma obraron los científicos que habían tenido la fortuna de asistir en directo al evento. Le temblaban las piernas, pero lo disimulaba perfectamente con su caminar pausado, cruzando las piernas a cada paso y un trémulo cosquilleo volvió a estremecer todo su cuerpo durante el trayecto desde su butaca hasta el escenario. A pesar de su carácter frío y de estar acostumbrada a los halagos, en esta ocasión se emocionó.

Tomó la palabra y dijo mirando al público, presencial y virtual:

– Buenas tardes, señoras y señores. Nos encontramos reunidos para exponer a la comunidad científica internacional y a la opinión pública, todos los trabajos y descubrimientos que hemos llevado a cabo para paliar el avance desmesurado de la pandemia mundial de una enfermedad llamada COVID-19. Habrá buenas y malas noticias, pero en nuestro ánimo debe prevalecer el instinto de lucha, para poder controlar el avance indiscriminado de esta plaga del siglo XXI, que en el futuro puede amenazar la existencia de millones de personas y que, además, puede dinamitar la estructura de nuestra sociedad.

Un silencio sepulcral escuchaba las palabras de Mary Fishers. Aprovechando este detalle y cuando lo consideró oportuno, Mary pulsó el mando a distancia, para que el ordenador expusiera en una pantalla gigante la primera imagen que le ayudaría para presentar su exposición:

Como no quiero ser pesado contándote la conferencia, te diré que primero habló de los cientos de miles de casos de enfermedades infecciosas que habían asolado al planeta durante el año anterior, pero como casi ninguno había afectado al mundo desarrollado, habían pasado desapercibidos para la opinión pública mundial, como ya sabes tú que sucede siempre con estos temas.

Sin embargo, cuando su exposición se centró en la COVID-19, la expectación fue absoluta y el silencio impactante, solo interrumpido por el monólogo de ella, que impregnaba toda la sala de emoción y respeto ante las cifras que profería.

Mary Fishers notó que conectaba con aquella gente y se animó ante la contundencia de los datos que estaba exponiendo y ante la evidencia de las cifras.

Comunicaba los datos epidemiológicos uno tras otro. Estaba de pie y se movía con pasos cortos para centrar la atención sobre ella. Cuando quería resaltar algún dato concreto, pulsaba la tecla del mando a distancia para que la nueva imagen destacara esa reseña concreta. Cientos de miradas fijas en su figura la observaban con ojos atónitos, incluso las cámaras de televisión que emitían el congreso para los espectadores virtuales. Y, a veces, un murmullo de desasosiego rompía el silencio.

Mary continuó imperturbable en su discurso y expuso en la pantalla la quinta diapositiva:

– El crecimiento de la población mundial ha ido aumentando progresivamente en los últimos decenios. Sin embargo, a partir de ahora, las previsiones demográficas para el año 2050 estarán marcadas por la pandemia y se verán reducidas si no conseguimos un tratamiento y una vacuna eficaz a tiempo.

Al escuchar éste último dato, trascendió entre el público una impresión sobrecogedora. Mary se percató del efecto de la información que acababa de dar e intentó sobreponerse para retomar su conferencia.

Próxima a la finalización, agregó:

– Estamos perdiendo batallas contra la COVID-19, pero la guerra todavía no ha terminado. Solamente nos queda un punto de apoyo en el cual basar toda nuestra estrategia para salir victoriosos. Ese punto se llama prevención de la infección y para ello podemos dirigir nuestras expectativas hacia dos caminos diferentes. El primero consistiría en lograr una vacuna eficaz que impidiera el desarrollo de la enfermedad en todas las personas que se infectaran por el virus, intentando conseguir una distribución mundial de la misma para lograr la erradicación de esta enfermedad.

Tras una breve pausa, durante la cual pudo calibrar el nivel de interés que había despertado en la audiencia, Mary añadió:

–  El segundo consiste en realizar campañas mundiales para modificar las conductas de riesgo de contagio, pero todos ustedes son conscientes que las políticas son diferentes en cada país y que, por desgracia, existen políticos que apenas dan crédito a esta enfermedad.

Mary Fishers terminó de exponer todas las imágenes que le habían servido para conducir gráficamente su conferencia. Las luces del Palacio de Congresos, que permanecieron en penumbra para una mejor visualización de las mismas, rápidamente fueron encendidas. Tras dirigirse al centro del estrado, continuó exponiendo:

– Señoras y señores, todos estos son los datos recogidos hasta final de agosto de 2020. Como pueden observar, la pandemia de la COVID-19 avanza inexorablemente. La situación actual en determinados países puede calificarse de catastrófica.

Hizo una pausa breve, desafiante, contagiada por el eco categórico de los datos que había desvelado y prosiguió:

– Existen países que con sus medios económicos, sus recursos médicos y de diagnóstico, y sus campañas educativas en los medios de comunicación, están viendo cómo cada mes disminuyen las tasas de infección. Sin embargo, contemplamos impasibles, cómo esas tasas están en continua progresión en otros países. El gran avance de la ciencia en el siglo XX, que hizo posible dominar las grandes enfermedades infecciosas, nos ha vuelto a colocar a los científicos en el punto de mira de la opinión pública mundial. En apenas unos meses, la COVID-19 está poniendo en jaque a la economía mundial. Ello demuestra que seguimos indefensos ante la aparición de nuevas enfermedades infecciosas, sobre todo por virus que en la actualidad sólo producen infecciones en animales y plantas, y en un futuro no muy lejano por priones.

No podía finalizar sin una conclusión y con sentido circunspecto afirmó en términos de profecía:

– En la actualidad estamos abocados a una catástrofe mundial que está teniendo como consecuencia la diseminación del virus y la enfermedad por todo nuestro planeta. Exclusivamente, mediante las políticas de prevención y el arraigo de nuevos hábitos y actitudes, junto con el descubrimiento de una vacuna, pueden hacer que el ser humano salga victorioso en esta guerra invisible…

Tras estas frases que había preparado con el corazón y que pronunció con énfasis, añadió:

– Gracias… ¡Muchas gracias!

La sala, tanto presencial como virtual, se puso en pie para acogerla con sus aplausos y ella saludó con una mal fingida humildad.

La conferencia había terminado. Mary Fishers se sentó en el centro de una amplia mesa situada en el escenario, bebió un sorbo de agua para humedecer sus labios y su garganta, y se dispuso a responder a las preguntas que pudieran formularle. Levantó su cabeza y miró al patio de butacas así como a las pantallas de televisión, y con gesto agradable contempló cómo los congresistas levantaban sus manos y en las pantallas aparecían círculos rojos, indicando con ese gesto que querían realizarle preguntas sobre el discurso que acababa de pronunciar.

Una a una, con parsimonia, fue respondiendo a todas las cuestiones que le fueron formuladas. Hubo preguntas de incredulidad, otras que buscaban una aseveración que confirmase la certeza de su exposición, otras voces alzaron su indignación al confirmarse los malos presagios y otros que demandaban una solución tangible que permitiera erradicar la COVID-19 y ceñirla exclusivamente como una reliquia fácil de consultar en los libros de texto. Su intervención había finalizado y de nuevo un fuerte aplauso despidió a Mary Fishers, mientras ella se retiraba orgullosa y satisfecha por la respuesta positiva obtenida a las ideas que acababa de transmitir.

No sé si habrás estado presente en alguna conferencia de un congreso, pero más o menos es así como sucede y que se podría resumir en un salón repleto de egos elevado a la máxima potencia.

 

 

Tras una pausa en la que no hubo publicidad, sino un coffee break, que no es más que un descanso para que unos tomen café o una infusión, otros un zumo y los más desvergonzados aprovechen para atizarle gratis al vino y los canapeses, aunque en esta ocasión fueran obligados a mantener la medida de distancia social de seguridad impuesta por el gobierno español, de nuevo tomó la palabra el Presidente del Comité Organizador para presentar la primera Ponencia del congreso: “Plásmidos. Un reto de futuro”.

La presentación de su autor era obvia. Se trataba de Jeff Colleman, Director del Departamento de Investigación de Laboratorios Bioconn. Su biografía estaba jalonada de numerosos descubrimientos en el mundo de la microbiología. Por otra parte, su consideración como conferenciante en las universidades más prestigiosas de todo el mundo, hacía que su intervención fuese esperada con sumo interés.

Cuando Mary Fishers regresaba a su lugar en el patio de butacas, caminando sobre la moqueta de color ocre, tuvo la oportunidad de pasar al lado de Jeff Colleman, que la obsequió con una mirada inocente, como si quisiera sellar la paz pendiente de controversias anteriores.

Jeff Colleman caminó rápido por el pasillo y subió por las escaleras que le llevaban al escenario del Palacio de Congresos. El interés que había despertado su Ponencia se había retroalimentado de los rumores circulantes por los ambientes científicos durante las semanas previas al congreso. Esas noticias oficiosas indicaban que Laboratorios Bioconn tenía sintetizada una vacuna efectiva contra la COVID-19 y que ya estaba lista para salir al mercado. Una vacuna fruto del trabajo investigador de Jeff Colleman y hecha realidad gracias a sus estudios sobre plásmidos.

Jeff, flemático por antonomasia, no se dejó impresionar por el cariz de la situación. Meticuloso y detallista, había preparado a la perfección su puesta en escena. Incluso su ropa no era fruto del azar ni de la improvisación. Vestía una chaqueta diseñada con minúsculos cuadritos distribuidos en forma diagonal, el fondo era de un color azul marino y los lados estaban trenzados por hilos finos de color beige y gris. Pantalón gris marengo con dos pinzas. Camisa de color gris claro y una corbata con un nudo grande que mostraba una concavidad en el centro.

Total, para que te lo imagines, el tío parecía un dandy.

Jeff Colleman se colocó delante del atril, observando el micrófono que sostenía en su mano derecha, empujó el interruptor hacia la posición de “on”, levantó la cabeza y miró con atención a todo el público. A continuación, aguardó pacientemente la expresión del silencio absoluto en la sala y dijo de forma educada:

– Buenas tardes – saludó, muy educado.

Y para hacerse el interesante, contó un rollo acerca de la COVID-19 que ni a ti ni a mí nos interesa, aunque todos los científicos, también muy educados, y deseosos por conocer su investigación, lo escuchaban sin moverse, pero aburridos.

Mary Fishers estaba sentada en la quinta fila, en la primera butaca del pasillo, sola, y con resignación aguardaba el momento en el que Jeff Colleman terminara con su larga y pesada introducción. Un impulso súbito le hizo desviar su cabeza hacia el otro lado del pasillo, dos filas más abajo, y allí se encontró con la mirada licenciosa del Doctor Hodgkins. Un halo desagradable rodeó todo su cuerpo y un sentimiento de crispación turbó sus pensamientos durante un segundo fugaz. Rechazó su mirada indiscreta y giró la cabeza hacia Jeff.

– Las dificultades que descubrimos para el desarrollo de la vacuna contra el Coronavirus SARS-CoV-2 han hecho que en el momento actual existan múltiples líneas de investigación, de tal manera que cada equipo de investigadores ha optado por seguir aquella directriz en la que tiene puestas mayor número de esperanzas.

Jeff Colleman puso el dedo allí donde más le dolía a todos los que le escuchaban. Las caras previas de tedio, de ufanía, se transfiguraron en expresiones de seriedad, denotando la preocupación y los fracasos obtenidos en este campo.

Mantenía la expectación del público utilizando ciertos resortes en su alocución: Alargamiento final de las frases, pausas breves, silencios ortodoxos, miradas tendenciosas a las personas que osaban hacer un comentario al compañero que tenían a su lado, subidas de entonación y desplazamientos cortos a través del escenario.

– Son muy numerosas las vacunas que se están investigando en la actualidad.

Enumeró los diferentes tipos de vacunas que se estaban investigando. Llegado a este punto, Jeff pudo percibir que la intriga que había creado durante la exposición de su ponencia se encontraba en pleno apogeo y que todos los congresistas esperaban ansiosos que él fuese prolijo en detalles acerca de sus trabajos.

– Nuestro laboratorio, tras un pormenorizado estudio de las diferentes líneas de investigación, se ha decidido por el modelo de vacunas de ADN “desnudo” que utilizan como vectores a los plásmidos o diferentes tipos de virus.

Mary Fishers contemplaba abstraída. Su pierna derecha estaba cruzada sobre la izquierda y encima tenía apoyado su bloc de notas, preparado para apuntar todos los detalles interesantes que escuchase a partir de entonces. Sin saber por qué volvió a mirar a su izquierda, y de nuevo se encontró con la mirada del doctor Hodgkins, el cual la obsequió con una sonrisa cautivadora. Con gesto adusto, desvió su atención hacia Jeff, intentando pasar por alto la acción anterior.

– Las vacunas de ADN “desnudo” consisten en la utilización de un fragmento de ADN que permite la producción de una proteína determinada de la estructura del SARS-CoV-2. Una vez inoculado este ADN en el organismo humano, sería capaz de promover la síntesis de la proteína del virus que llevara codificada. Posteriormente, esa proteína pasaría a la circulación sanguínea activando al sistema inmunológico, generando la respuesta de la inmunidad celular y humoral. La gran ventaja que proporciona este tipo de vacunas es la eficacia, entendida desde el punto de vista de que con ellas es imposible que se desarrolle la enfermedad en las personas vacunadas.

De esta manera, Jeff Colleman comenzó a revelar los secretos de su investigación. Un proyecto científico se compone de diversas fases y dos son los momentos más esperados. Por una parte, cuando se obtiene un resultado positivo y por otra la comunicación pública o escrita del mismo. Por ello, cuando Jeff comenzó a hablar de su trabajo, toda la tensión acumulada durante tanto tiempo se le manifestó en forma de excitación, y un temblor fino, pausado, imperceptible, se apoderó de todo su cuerpo, adquiriendo su voz un matiz más grave.

Yo no me estaba enterando de nada e imagino que tú tampoco, pero como parecía que pudiera ser interesante para la historia, he decidido reflejarlo, aunque puede ser que te vaya a aburrir.

– Cuando se planteó la hipótesis de la utilización de este tipo de vacunas, surgió el problema de la administración del ADN a las personas. Sobre el papel, las teorías eran abundantes, pero factibles de llevar a cabo pocas. De todas, sólo se tuvo en cuenta una, la que proponía el uso de vectores. Los vectores tendrían que ser estructuras que llevaran material genético. De esa manera, podríamos insertar nuestro ADN en el ADN del vector, y así, al administrar el vector en el organismo humano, éste se replicaría, con lo cual nuestro ADN podría expresar la proteína del SARS-CoV-2 que realmente nos interesara para obtener respuesta inmunológica.

Una vez aquí, Jeff Colleman se mostraba locuaz y sus frases se sucedían unas tras otras, sin un atisbo de titubeo. La paráfrasis del comienzo de su ponencia había dado paso a una retahíla de ideas y conceptos difíciles de seguir para un profano en esta disciplina científica.

– La teoría era fácil y sencilla. Pero, ¿qué utilizaríamos como vector? En nuestras manos teníamos dos opciones, dos caminos a seguir: Podríamos utilizar virus, ¡qué paradoja, otros virus pueden servir para la creación de una vacuna contra el virus del SARS-CoV-2!, o bien, la segunda alternativa, utilizar plásmidos.

Ya no precisaba utilizar ningún tipo de argucias para mantener viva la atención de los congresistas. Este era el momento que todos estaban esperando y por lo que estaban acudiendo o presenciando este congreso.

Yo no había oído hablar nunca de los plásmidos, ni sabía para qué servían ni dónde podía encontrarlos. Sin embargo, los científicos tenían los ojos abiertos como platos, como si hubieran recibido el regalo más deseado, por lo que deduje que debía de ser muy importante, pero a mí se me alargaron los ojos porque todo aquello me sonaba a chino.

–  El proyecto estaba en marcha y sólo quedaba un peldaño más por solventar. Teníamos que decidir qué parte de la estructura del virus utilizar como inmunógeno.

La curiosidad de los congresistas era suprema y se acrecentaba a medida que Jeff Colleman desvelaba cada detalle de su investigación. Descubrir es la poesía del investigador, y el afán de conocer, el placer que sacia su propósito filantrópico.

Hizo un paréntesis, en silencio, para resaltar la importancia de lo que iba a anunciar y, tras contemplar con serenidad a todos sus colegas, descubrió el secreto de la composición de su vacuna, exponiendo las proteínas de la envoltura del virus utilizadas para producir la activación del sistema inmunológico.

El silencio, que hasta este momento se manifestaba de forma imperturbable, dio paso a un murmullo generalizado, con algún que otro sonido de admiración. Desde el estrado, Jeff observaba cómo se afanaban todos los congresistas en tomar nota de la composición de su vacuna, también los que visualizaba a través de las pantalla de tv, y del método que había seguido para su síntesis. Tuvo que esperar unos instantes para poder seguir con su ponencia.

– Los resultados fueron positivos. Teníamos sintetizado el ADN que codificaba las proteínas. A continuación se procedió a su ensamblaje en la molécula de ADN del plásmido. A partir de este momento sólo quedaban tres pasos más que realizar para confirmar nuestros estudios preliminares, tres experimentos que certificaran si la hipótesis de trabajo era la acertada.

¡Acho! Aquello era realmente la releche y el silencio fue sustituido por breves murmullos de admiración que se solapaban con las palabras de Jeff.

– El primer experimento consistió en inocular un plásmido cargado con el material genético del virus en una bacteria. A partir de ahí quedamos expectantes. El ADN del plásmido comenzó a replicarse y luego observamos, con gran emoción, cómo se sintetizaban todas las proteínas virales que esperábamos. Repetimos el experimento en cientos de bacterias y obtuvimos resultados positivos en el 100% de casos estudiados.

Christopher Norton, con gesto serio, intercambiaba impresiones con el Dr. Sullivan, dos butacas separado de él, y al terminar la conversación, ambos dirigieron su mirada hacia Mary Fishers.

– Posteriormente, nos aventuramos con el segundo paso de la investigación. Había que experimentar la vacuna en un modelo animal. Como otros estudios, utilizamos el modelo simio y procedimos a inocular la vacuna en Macaccus Rhesus. En el ensayo clínico, administramos la vacuna a macacos adultos machos y hembras, así como a macacos jóvenes. Al cabo de cuatro semanas observamos un viraje positivo en la inmunidad de éstos. El sistema inmunológico del macaco había respondido de forma óptima. Luego, quedaba por comprobar que la respuesta inmune fuera eficaz. Para ello, suministramos por vía intravenosa a los macacos una dosis letal del virus. Con gran satisfacción comprobamos cómo, con el paso del tiempo, ningún macaco desarrolló la enfermedad.

No hubiera deseado terminar nunca. Era el tipo de situación que podría extasiar a cualquier investigador. Por ello, intentaba exprimir cada sensación que advertía y la guardaba celosamente en cada uno de sus sentidos para poder recordarla posteriormente con esmero.

– Y a partir de aquí sólo queda el último paso. Queremos confirmar la eficacia de la vacuna en humanos. Para ello, estamos diseñando un ensayo clínico en fase I, un estudio dirigido a comprobar la seguridad e inmunogenicidad de la vacuna en un número pequeño de personas de bajo riesgo de infección. Luego, pasaríamos a diseñar ensayos clínicos en fase II y III. Pero, para la realización de estos trabajos científicos precisamos la autorización de la OMS y del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, así como la colaboración de los gobiernos de diferentes países que den su visto bueno a la experimentación de la vacuna.

Terminó diciendo que hasta ahí habían llegado y desde el centro del escenario, mirando a todos los congresistas, añadió:

– Gracias.

La respuesta de sus colegas se plasmó en una tempestad de aplausos que lo emocionó.

El moderador de la ponencia se sentó a su lado y tras dar las gracias a Jeff Colleman por la brillante exposición de sus estudios científicos abrió el turno de preguntas, para rápidamente conceder la palabra por turno.

– Buenas tardes, soy el doctor Hodgkins de Laboratorios Horade Genetics. En primer lugar, me gustaría alabar la imponente puesta en escena de los descubrimientos del Doctor Colleman – dijo con cierta ironía -. En segundo lugar, quiero decirle, que sigue estando usted en la vanguardia de la investigación, al ser pionero en la teoría y desarrollo de vacunas a través de plásmidos, un área de extrema complejidad científica. Y en tercer lugar, que me siento decepcionado, porque usted acaba de decir que están en la fase de obtención de los permisos pertinentes para pasar, posteriormente, a la experimentación de la vacuna en humanos. En el último mes sólo hay un tema de conversación en el ámbito científico, y es que su laboratorio ha soslayado estos permisos, que han experimentado la vacuna en humanos y que ha sido un éxito rotundo. ¿Qué tiene usted que decir?

– Conocemos perfectamente la existencia de esos rumores – contestó Jeff Colleman, apoyando sus codos sobre la mesa, entrelazando los dedos de sus manos y empujando pulgar contra pulgar -. Siempre que un proyecto tiene posibilidades de obtener resultados positivos surgen rumores de todo tipo, pero la investigación de nuestra vacuna se encuentra en el punto que he expuesto anteriormente.

– Doctora Fishers, por favor, es su turno de preguntas – dijo el moderador.

– Doctor Colleman, es un honor para mí poder felicitarle por la ingente tarea de investigación que está usted llevando a cabo – instintivamente, Mary Fishers se puso de pie, mientras se dirigía a Jeff Colleman -. Bajo el punto de vista técnico, todas las vacunas pueden acarrear problemas en humanos, todas las vacunas tienen efectos secundarios. Estoy interesada en conocer qué sucede con la molécula de ADN del plásmido una vez inyectada en el organismo del macaco y después de ser sintetizadas las proteínas del SARS-CoV-2. ¿Puede integrarse el material genético del plásmido en el genoma del simio? Si ello fuera así, el resultado sería la producción de diferentes tipos de cánceres. ¿Han tenido en cuenta este problema? ¿Qué resultados han obtenido?

– Señorita Fishers, le agradezco con sumo interés que me formule esta pregunta – un mensaje subliminal emitía Jeff Colleman al utilizar señorita por Doctora Fishers -. Es obvio que cuando un organismo recibe un material genético extraño, éste puede fusionarse con el suyo en cualquiera de sus células. Éstas, cuando se dividen, podrían originar aberraciones, y en los siguientes procesos de división celular crear el substrato de un determinado tipo de cáncer. En nuestra investigación no ha aparecido ningún tipo de neoformación maligna, ya que la respuesta inmunológica ha sido tan potente que ha conseguido la destrucción de la molécula del plásmido tras conseguir el efecto beneficioso que perseguíamos.

El turno de preguntas continuó sucediéndose ininterrumpidamente durante unos minutos, mientras Jeff Colleman respondía con certeza magistral a cada interrogante sobre su ponencia.

Una vez finalizado, el moderador tomó la palabra, agradeció el interés demostrado y anunció un breve descanso de veinte minutos.

¡Caguen diez! ¡Qué fácil lo ven estos tíos y cómo se enteran de todo!

¡Y yo aquí con la boca abierta y embobado!

¡Ni repajolera idea! ¡No m’enterao de na!

Sin embargo, así sucedió todo y fíate de mí que doy fe de ello.

Copyright: Francisco Belda Maruenda

 

Aquí acaba el segundo capítulo de LA VACUNA: una novela que te voy a publicar en este Blog por capítulos. Mi deseo, si el tiempo y mis obligaciones me lo permiten, es publicar dos capítulos cada semana.

Aquí te dejo el enlace al primer capítulo, para que puedas leerlo:

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Estoy muy ilusionado con esta novela, por lo que si te ha gustado este capítulo de LA VACUNA, así como el anterior, y piensas que le puede gustar a tus amigos o contactos, te quiero pedir que me eches una mano compartiendo este capítulo a tus amigos a través de email, WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter o tus demás redes sociales.

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¡Que tengas un día maravilloso!

2 comentarios en «LA VACUNA: Capítulo 2, EL CONGRESO»

  1. El segundo capítulo como era de esperarse NO ha decepcionado…. esperando ya el tercero q esta la cosa emocionante 🧐.

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