La VACUNA: Capítulo 19, MUJERES REBELDES

La señora Wilcox la miró extrañada cuando la vio llegar. Le resultaba complicado aceptar que Mary Fishers estuviese de vacaciones por aquellas fechas. La conocía bien y sabía que no era de su agrado, pero no la importunó realizándole pregunta alguna que pudiera resultar impertinente en semejante situación.

Antes de acudir al laboratorio en busca de Brett Johnson, donde lo podría encontrar, Mary entró en su despacho y puso en funcionamiento el ordenador. Quería leer los correos electrónicos que hubieran llegado en las últimas horas.

Se sentó cómodamente en el sillón y esperó pacientemente la configuración del ordenador. Introdujo la clave de acceso y no encontró respuesta. Pensó que se había equivocado por lo que procedió a pulsar las teclas, cerciorándose en esta ocasión que las marcaba correctamente. Nuevo intento baldío. Comenzó a impacientarse y a barruntar negros presagios. Una tercera vez sería suficiente para comprender que algo extraño sucedía. Una a una tecleó cada letra y los signos que le daban acceso a su ordenador, obteniendo la misma respuesta que en los intentos anteriores: «Error en la contraseña, marque de nuevo su clave de acceso».

Una respuesta en blanco que tenía diferentes interpretaciones. Quería pensar que el sistema fallaba en algún punto sustancial, pero esa opción no tenía fundamento, ya que si fuera así, le hubiera ocurrido lo mismo a la señora Wilcox cuando puso en funcionamiento su ordenador y esta no le había hecho ningún comentario al respecto. Desechó rápidamente tal hipótesis. Analizando la situación, existía otra posibilidad que era más plausible, pero que sólo el hecho de tenerla en cuenta le horrorizaba.

«Me han quitado el acceso a mi ordenador. Esos hijos de puta no pueden jugar así conmigo. ¡Me están robando mi trabajo, mi vida! No tienen derecho a gastarme esta putada».

Sólo era una posibilidad, pero con visos evidentes de ser toda una realidad. Se estremeció y sintió pánico. Estaba tiritando. La temperatura era agradable, pero temblaba de miedo. El juego había llegado demasiado lejos.

Mary Fishers comprendió que la misión que en un principio aceptara como consecuencia de la promesa que un día realizara a su padre y, además, por la vanidad de poder ser ella la descubridora de la vacuna contra el coronavirus, para salvar a la humanidad de esa terrible enfermedad, estaba actuando en su contra.

Se encontraba perdida en un laberinto del que no sabía cómo escapar, pero lo más importante es que a pesar de todo no comprendía nada. Había aceptado una trama de espionaje muy a la ligera, sin sopesar las consecuencias que le pudiesen acarrear y en estos momentos no sabía qué hacer para liberarse.

Pero pronto, probablemente, con tesón, argucia y espíritu para aguantar nuevas sorpresas desagradables encontraría la verdad.

¿Por qué impedían que tuviera acceso a su ordenador?

Copyright: Francisco Belda Maruenda

 

Así acaba el capítulo decimonoveno de LA VACUNA: una novela que te estoy publicando en este Blog por capítulos.

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