La VACUNA: Capítulo 18, DESCUBIERTA

Joel Carmickle pronunciaba una y otra vez: «el amor nunca es pasajero». Solía diversificar sus programas y en ocasiones dedicaba alguno a un tema monográfico. En esta ocasión, el turno le había tocado al amor en todas sus vertientes: entre hombre y mujer, al arte o el trabajo. Amor bajo el prisma del poso amargo que queda cuando desaparece.

«Martes quince de septiembre, el día donde el amor nunca es pasajero», repitió una vez más y a continuación enumeró los invitados que comentarían sus experiencias aquel día en el programa.

«Ahora te necesito más que nunca. Necesito tu ayuda». Pensó Mary Fishers. Un pensamiento dirigido a su hermano y, en cierto modo, a Jeff Colleman. El amor de su hermano lo utilizaría para descubrir los entresijos del Proyecto Mgen1702 y, por ende, saber si su vacuna serviría para combatir al coronavirus, y así poder salir victoriosa de la venganza que desde hacía años tenía pendiente. El amor de Jeff Colleman lo utilizaría como bastión donde poder asirse en los momentos de desesperanza, donde unos momentos de placer sirvieran para combatir la sensación de aislamiento ante una sociedad que, a veces, la sorprendía con inicua maldad.

Tenía que estar alegre. No se podía permitir el lujo de caer en la abulia ni en la desesperación, y aunque tuviera que hacer frente a serias acusaciones, las debería afrontar con alegría, el arma que utilizaría para obtener una victoria absoluta. Porque en el caso de un serio contratiempo, lo podría sobrellevar mejor, aguantando con estoicismo cualquier tipo de imputación. Por ello, durante el trayecto hacia Microgensyn, optó por seguir escuchando en la radio de su coche el programa del showman Joel Carmickle.

Seguía fiel a su costumbre y, como siempre, era la primera en llegar. Se trataba de momentos en los que podía disfrutar plenamente de Microgensyn, donde podía campar a sus anchas por los pasillos desiertos y escuchar el silencio de paredes, tarimas de parquet y mobiliario de oficina, que sólo era interrumpido por el ruido procedente de la sala de animales que utilizaban para la experimentación.

Cuando llegó, la señora Wilcox le preparó el café con leche de todos los días. Esa mañana no había encendido todavía el ordenador. En cierto modo, estaba tensa, aguardaba la llamada de Christopher Norton.

No se hizo esperar y ella subía ya a la reunión.

La suerte estaba echada y no sabía cómo iba a responder. No había planificado nada, sólo le quedaba la baza de la espera, y en función del discurso de Christopher Norton, actuar, tomar una decisión firme y asumir las diatribas que probablemente él espetaría.

―No es necesario que te sientes, Mary. Voy a ser muy breve ―dijo Christopher Norton, con gesto hosco, evitando que Mary tomara asiento, como por norma era habitual en sus reuniones.

―Está bien ―respondió ella, mirándolo a la cara, sin temor alguno, mostrándose arrogante.

―Quiero saber la verdad ―Christopher fue directo, sin preámbulos.

―¿Qué verdad? ―contestó ella, con fingido disimulo.

Copyright: Francisco Belda Maruenda

 

Así acaba el capítulo decimoctavo de LA VACUNA: una novela que te estoy publicando en este Blog por capítulos.

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