La VACUNA: Capítulo 15, UNA PROMESA CUMPLIDA

Apenas circulaban coches a las siete y diez de la mañana por las calles, las carreteras y las autopistas el sábado doce de septiembre en el área metropolitana de Los Ángeles. Hacía una temperatura agradable y Mary Fishers conducía serena, dirigiéndose a recoger a Alec a su casa, que vivía cerca de su empresa.

Su hermano la estaba esperando cuando ella aparcó y salió portando un maletín de piel. Subió al coche y se saludaron con un par de besos antes de emprender la marcha. Ella no pudo aguantar más, necesitaba conocer el trabajo que había llevado a cabo su hermano sobre el Proyecto Mgen1702, en el pendrive grabado en el ordenador de ella, por lo que le preguntó:

―¿Has descubierto algo?

―Sí. Algo he descubierto ―respondió, haciéndose el interesante.

―¿Y…?

―Todo está en orden.

―¿Qué quieres decir, Alec?

―Que los datos analizados en tu ordenador son correctos. Los he estudiado en el Programa 4GLium que tengo instalado en mi ordenador y he obtenido los mismos resultados que tú.

―¿Qué significa todo esto?

―Me gustaría equivocarme, pero como ya te dije hace tres días, creo que alguien ha saboteado los resultados para hacerte creer que el proyecto es un fracaso. No existe ningún motivo aparente para sospechar que el programa 4GLium funcione mal tras haberlo copiado. Me he detenido a estudiar minuciosamente sus códigos y no he encontrado ningún fallo. Sin embargo, sí que he localizado un par de puertas abiertas, a través de las cuales se puede acceder al programa.

―Explícate bien. A veces me pierdo con vuestra jerga informática.

―Perdona. El programa está diseñado para acceder a él determinado número de personas, a través de claves, que por decirlo de alguna forma, serían los puestos de trabajo. Me explico, al ordenador central de Microgensyn se accede a través de terminales, por ejemplo el tuyo. El programa está diseñado para que sólo puedan trabajar con él determinados puestos de trabajo. A su vez, para acceder a él, tienes que introducir una clave. ¿Vas cogiendo onda?

―Ahora sí.

―Pues bien. Lo que me ha llamado poderosamente la atención es que, además de este sistema de protección de acceso, existen otros dos lugares, fuera de la arquitectura anterior, a través de los cuales se puede acceder al programa. Éstos también necesitan una clave de acceso y lo más paradójico del asunto es que desde ellos se tiene acceso al complejo entramado del programa y se le pueden dar instrucciones que luego ejecuta.

―Vamos, Alec, dime ya de una vez qué es lo que has hecho.

―¿De verdad quieres escucharlo? Te advierto que te vas a poner furiosa. Yo sólo me limito a obedecer tus órdenes ―dijo Alec, vuelto hacia ella, mirándola cómo conducía.

―Estoy preparada. No te preocupes, después de esta semana ya no me sorprende nada. Cuéntame… ―respondió ella, atenta a la carretera, mirando fugazmente, a veces, a su hermano.

―Hice una copia nueva del programa 4GLium y la volví a instalar. Después me sumergí en sus códigos e hice unas pequeñas modificaciones que me permitieron acceder al programa a través de esos otros lugares. Analicé el correo electrónico de la doctora Carrie Galloway y luego di determinadas instrucciones al programa y, como por arte de magia… los resultados cambiaron.

―¿Qué sucedió? Alec, ¿no te das cuenta? Me tienes intrigada, termina de una vez ―Mary Fishers hablaba a su hermano con apremio.

Copyright: Francisco Belda Maruenda

 

Así acaba el capítulo decimoquinto de LA VACUNA: una novela que te estoy publicando en este Blog por capítulos.

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